El misterio de los diez amigos de Arbolejo

Había una vez un limón que se llamaba Arbolejo que vivía con su mamá.
Cuando la mamá de Arbolejo hacía lentejas, él no se las comía, pero cuando hacía
canelones, sí que se los comía.
Un día, Arbolejo le dijo a su madre:
– Mamá, ¿puedo irme diez días de casa, a las casas de mis amigos?
Y la mamá de Arbolejo le dijo:

-¡Vale!- Vale.
Arbolejo se puso muy contento y se fue primero a la casa de su amigo Beaulavie, pero no estaba, fue al campo a buscarlo y tampoco estaba allí.
Como no estaba allí, se fue con su segundo amigo, Marcos.
Marcos no estaba allí, miró en el campo y tampoco estaba.
Después se fue con su tercer amigo, Cristian y lo buscó en su casa, pero Arbolejo no encontraba ni a Beaulavie, ni a Marcos ni a Cristian.
También buscó a Cristian en el campo, pero no lo encontró.
Después fue a casa de su cuarta amiga, pero Naiara no estaba.
Arbolejo ya estaba muy preocupado, así que buscó a su quinto amigo, Daniel, que  tampoco estaba.
Buscó a su sexto amigo, Alejandro, pero tampoco estaba.
Arbolejo tenía miedo de que les hubiese pasado algo.
Buscó a su séptimo amigo, Javier, pero tampoco estaba allí, ni su amigo octavo,
Pablo, que tampoco estaba.
Buscó a su amigo Miguel, que tampoco estaba, y después buscó a su décima amiga, Encarni… ¡que sí estaba! Y estaba con todos los amigos de Arbolejo.
¡Y Arbolejo se acordó de que era el cumpleaños de Encarni!

Autora: Encarni Cánovas

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El dragoncito de Arbolejo.

Un día Arbolejo estaba en el parque andando por la hierba, y se encontró un dragón pequeño, que no tenía mamá, y Arbolejo le puso de nombre Jorge. Jorge y Arbolejo jugaban todo el día, hasta que se acostaban y lo pasaban muy bien.

Al día siguiente era el cumpleaños de Jorge y por eso invitaron a la señora Berenjena, al señor Plátano, a la señora zanahoria y al señor Tomate; después hicieron la piñata al final de la fiesta.

Pasaron los días y Jorge y Arbolejo estaban el el parque, cuando Jorge hizo una cueva, se metieron en ella y llegaron al castillo de los dragones y vieron a papá dragón y a mamá dragona. Cuando la mamá dragona vio a Jorge se alegró mucho y su papá también.

Se pusieron a jugar con los primos dragones al escondite, pero al final Arbolejo dijo adiós y se fue a su casa.

Autor: Daniel Lajarín Cárceles.

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Arbolejo y sus amigos.

Arbolejo fue a casa de su amiga Pera, para tomarse un batido, y ahí estaba su amigo Naranjo. Luego fueron a pasear y a jugar en el parque. Después fueron a la feria y se montaron en la montaña rusa y Naranjo se mareó y vomitó. Por la noche los tres amigos se fueron a dormir a casa de Arbolejo, vieron la peli de “Los Guardianes” y comieron palomitas. Al día siguiente vieron un Pegaso, se montaron en él y Pegaso los subió al cielo. Después vieron un dragón que les tiró fuego, bajaron a tierra y vieron duendes gnomos y los invitaron a un café y unos pasteles de chocolate. Luego vieron un agujero y se metieron dentro; llegaron a una playa y se bañaron en el agua. Se metieron otra vez en el agujero y ya llegaron a casa. Naranjo les dijo que era un agujero mágico. Cuando se hizo de noche se acostaron, pero nadie pudo dormir porque había unos huevos de dragones, que se rompieron y empezaron a salir dragones diferentes: el de Arbolejo era amarillo, el de Naranjo, naranja y el de Pera, verde. Todos jugaron felices y comieron perdices.

Autor: BEAULAVIE NGANGA MUNUERA.

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Mini-libros

Primero ilustramos nuestros mini libros, después los escribimos nosotros mismos. Inventar historias es genial y divertido. Veamos unas muestras…

Mini libros ilustrados por los alumnos.

Mini-libros creados por los niños.

Beaulavie y Javier concentrados en su creación de mini-libros.

Beaulavie ha elegido hacer un cómic...

Y Javier un cuento de dragones y caballeros...

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“MARINA Y EL MIEDO”

Marina era una niña que tenía mucho miedo de la oscuridad. Al apagarse la luz, todas las cosas y sombras le parecían los más temibles monstruos. Y aunque sus papás le explicaban cada día con mucha paciencia que aquello no eran monstruos, y ella les entendía, no dejaba de sentir un miedo atroz.

Un día recibieron en casa la visita de la tía Valeria. Era una mujer increíble, famosísima por su valentía y por haber hecho miles de viajes y vivido cientos de aventuras, de las que incluso habían hecho libros y películas. Marina, con ganas de vencer el miedo, le preguntó a su tía cómo era tan valiente, y si alguna vez había se había asustado.
– Muchísimas veces, Marina. Recuerdo cuando era pequeña y tenía un miedo terrible a la oscuridad. No podía quedarme a oscuras ni un momento.
La niña se emocionó muchísimo; ¿cómo era posible que alguien tan valiente pudiera haber tenido miedo a la oscuridad?
– Te contaré un secreto, Marina. Quienes me ensañaron a ser valiente fueron unos niños ciegos. Ellos no pueden ver, así que si no hubieran descubierto el secreto de no tener miedo a la oscuridad, estarían siempre asustadísimos.

– ¡Es verdad! -dijo Marina, muy interesada- ¿me cuentas ese secreto?
– ¡Claro! su secreto es cambiar de ojos. Como ellos no pueden ver, sus ojos son sus manos. Lo único que tienes que hacer para vencer el miedo a la oscuridad es hacer como ellos, cerrar los ojos de la cara y usar los de las manos. Te propongo un trato: esta noche, cuando vayas a dormir y apagues la luz, si hay algo que te dé miedo cierra los ojos, levántete con cuidado, y trata de ver qué es lo que te daba miedo con los ojos de tus manos… y mañana me cuentas cómo es el miedo.

Marina aceptó, algo preocupada. Sabía que tendría que ser valiente para cerrar los ojos y tocar aquello que le asustaba, pero estaba dispuesta a probarlo, porque ya era muy mayor, así que no protestó ni un pelín cuando sus padres la acostaron, y ella misma apagó la luz. Al poco rato, sintió miedo de una de las sombras en la habitación, y haciendo caso del consejo de la tía Valeria, cerró los ojos de la cara y abrió los de las manos, y con mucho valor fue a tocar aquella sombra misteriosa…

A la mañana siguiente, Marina llegó corriendo a la cocina, con una gran sonrisa, y cantando. “¡el miedo es blandito y suave!… ¡es mi osito de peluche!”

Escrito por Pedro Pablo Sacristán.

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“Tripón, el gato panzudo”.

Andresín nunca quería acostarse a su hora. Sus papás le habían explicado lo importante que era acostarse temprano y descansar bien, pero él no hacía ningún caso, y ya no sabían qué hacer. Hasta que un fin de semana que estaban en el pueblo con los abuelos, el abuelo Paco se enteró y dijo:
– Esto es un trabajo para Tripón, mi gato panzudo.
Y diciendo eso, les endosó el gato y se lo tuvieron que llevar de vuelta a la ciudad. Era un gato lento y gordinflón, y tampoco daba mucho trabajo, pues nadie sabía nunca dónde se metía. Esa misma noche, a la hora de acostarse, volvieron los problemas: Andresín no tenía intención de ir a la cama. Y aunque sus papás esperaron un rato para ver si ocurría algo especial y Tripón solucionaba el problema, no pasó nada.
– Vaya cosas tiene el abuelo – dijo el padre- igual está empezando a chochear.
Cuando horas después Andresín fue por fin a acostarse, al llegar a la habitación se llevó un buen susto. Tripón estaba en su cama, totalmente espanzurrado, durmiendo a pierna suelta y roncando por todo lo alto. Andresín trató de apartar al gato, pero no hubo forma, y aquella noche apenas pudo dormir nada, arrinconado en una esquinita…
Al día siguiente, la historia se repitió, pero además Andresín estaba mucho más cansado por no haber dormido. Cuando llegón el tercer día, el niño había comprendido que si quería dormir en su cama tendría que llegar antes que Tripón, así que en cuanto sus padres empezaron tan sólo a hablar de acostarse, Andresín salió como una bala directo al dormitorio y se metió rápidamente en la cama.
Sus papás no podían creérselo. No sabían lo del gato, ni por qué Andresín se acostó a su hora sin protestar, pero cuando lo descubrieron se pusieron tan contentos, que llamaron al abuelo para darle las gracias por su maravillosa idea.

Escrito por Pedro Pablo Sacristán.

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En el país maravilloso de los cuentos y las historias

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